Oveja Negra

RADIOGRAFÍA DEL PROGRESISMO


30 de noviembre de 2017

Oveja Negra

Click en la foto para ampliar

Por Augusto Taglioni*


Llamamos progresismo, en el amplio sentido de la palabra, a aquellos proyectos que surgieron luego de la ola neoliberal de la década del 90 y representaron gobiernos caracterizados por un regionalismo autónomo de tipo proteccionista, que hoy se para en la vereda de enfrente de nuevos gobiernos conservadores u otros que buscan construir la continuidad, en algunos casos a los tumbos. Está claro que tranquilamente podrían utilizarse otras categorías como izquierda latinoamericana, nacionalismos o, el que menos me entusiasma, populismos.

En este marco, el escenario político en varios países de la región se torna un poco más optimista de cara a los próximos años. Cristina Fernández de Kirchner asumió como senadora en un contexto de fuerte movilización de gremios que se oponen a la reforma laboral que pretende impulsar Mauricio Macri en Argentina; Rafael Correa volvió al ruedo en Ecuador para dar una pelea frontal con el presidente Lenin Moreno y Luis Ignacio Lula Da Silva recorre el país mientras lidera todas las encuestas y construye un frente político y social amplio contra la política económica de su ex aliado Michel Temer.

A su vez, Evo Morales fue habilitado por el Tribunal Supremo de Justicia para una nueva postulación y el chavismo se muestra fortalecido en Venezuela luego de una importante victoria en las elecciones regionales que lo posiciona muy bien de cara a las elecciones municipales del 10 de diciembre y a las presidenciales del 2018. Además, nuevas fuerzas emergen en Chile y Perú.

Operativos clamor

En Argentina y Brasil gobierna la derecha, eso no es una novedad. Hay políticas similares y coincidencias en temas puntuales, pero sin proyecto regional en el horizonte. El mejor Mercosur es el que no existe, parece ser la lógica imperante en estos dos años en el cual las dos principales potencias del sur coincidieron en suspender a Venezuela del bloque y avanzar en un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea del que no hay certezas de prosperidad.

De todas formas, Brasil y Argentina muestran a un sector de la sociedad civil que se opone a las reformas laborales y previsionales que proponen sus gobiernos. Centrales sindicales y movimientos sociales llenaron las inmediaciones del Congreso en repudio a lo que Mauricio Macri denominó “reformismo permanente” y la Central Única de Trabajadores de Brasil realizó dos paros generales en menos de dos años, cuando el último antecedente había sido durante la presidencia de Collor De Melo. En el caso argentino, los detractores del gobierno ven en la acción sindical y en el nuevo rol de Cristina Fernández de Kirchner en la Cámara de Senadores dos puntos de apoyo para construir la oposición al ajuste oficial y, por su parte, Lula sigue liderando encuestas y recorre el vasto territorio brasileño encabezando actos verdaderamente masivos.

Tanto Cristina como Lula tienen el desafío de construir algo más grande que ellos mismos, una tarea ardua. La expresidenta argentina logró ponerse a la cabeza de un espacio nuevo (al menos en el nombre) pero no logró derrotar al gobierno en las pasadas elecciones legislativas ni unir al conjunto del peronismo, tal vez el principal motivo de la derrota en las urnas. Cristina deberá lidiar entre quienes la consideran factor de unidad para derrotar al gobierno y aquellos que la acusan de las divisiones existentes en el justicialismo por su estilo “sectario”. Lo que sí estamos en condiciones de asegurar es que la ex mandataria será una voz fuerte contra las políticas oficiales. La duda está puesta en si será parte de una resistencia testimonial o la síntesis de una fuerza poderosa con capacidad de recuperar el gobierno en 2019. Hoy parece difícil.

Por su parte, el Partido de los Trabajadores en Brasil (PT) pasó de formar parte de una coalición que gobernó 14 años a expresar una marginalidad que le impide frenar la política de shock del gobierno. De la destitución de Dilma Rousseff a la actualidad, Lula se dedicó a construir un frente que contenga al PT, gremios y movimiento sociales críticos del último tramo de la gestión petista. En este contexto, el 2018 arrancará con elecciones presidenciales agendadas para octubre y la única opción del PT para volver a gobernar es Lula, quien está pendiente de una situación judicial compleja. En frente, la derecha baraja varias opciones: un político tradicional con experiencia de gestión como el gobernador de San Pablo, Geraldo Alckmin, un ultraderechista como Jair Bolsonaro, un outsider como el alcalde paulista Joao Doria o el mismísimo Juez Sergio Moro, autor de la condena que pesa sobre el expresidente. En cualquier caso, Lula obtendría la victoria en un contexto de creciente escepticismo social para con la política.

Un tercer país que se encuentra en pleno operativo clamor es Ecuador, cuyo expresidente Rafael Correa volvió de Bruselas para disputar frontalmente con su ex delfín Lenin Moreno y reconstruir el espacio Alianza País, castigado por traiciones y divisiones. ¿Cuál es el objetivo de Correa? Incidir en la consulta popular que propone Moreno para reformar la constitución y evitar las re-elecciones y cambiar la ingeniería institucional creada bajo su gobierno. Asimismo, Alianza País ve en esta consulta el objetivo de la derecha y del propio Moreno de evitar una vuelta de Correa al poder en 2021. A diferencia de Argentina y Brasil, la puja en Ecuador no es ni económica ni social, es política, al menos por ahora.

Lula, Cristina y Correa son expresidentes que concentran una importante porción de votos y representan espacios políticos muy dependientes de sus figuras. Tal vez ese fue el motivo que llevó a los proyectos que representaban a la derrota.

Bolivia y Venezuela: ¿Sobrevive el eje bolivariano?

El chavismo no cayó a pesar de los miles de pronósticos. Después de meses caóticos y con una crisis económica que se mantiene, el gobierno bolivariano logró el apoyo electoral perdido en diciembre de 2015 con un importante triunfo en 18 de 24 provincias en las elecciones regionales y con muchas chances de obtener buenos resultados electorales en las municipales de diciembre.

Además, el chavismo logró, a través de su propia iniciativa política, dividir a la oposición que se debe entre disputar electoralmente con el gobierno y pasar a desconocer a los poderes del Estado, sin anclaje territorial, pero con mucha capacidad de lobby internacional. Las sanciones de Estados Unidos y la Unión Europea así lo demuestran.

El oxígeno que le da el apoyo electoral le permite al chavismo enfocarse en la agenda económica con el anuncio de reestructuración de deuda y la posibilidad de lograr acuerdos con aliados geopolíticos como Rusia y China para resolver los problemas sociales generados por la crisis económica. Con este panorama, mucho más alentador que lo que veíamos a principio de año, el gobierno tiene muchas chances de ganar las elecciones presidenciales del año venidero nuevamente con Nicolás Maduro a la cabeza, uno de los dirigentes políticos más subestimados del mundo.

Bolivia es la contracara de Venezuela en términos de estabilidad económica. Baja inflación, importantes reservas en dólares y un crecimiento sostenido en diez años que fue acompañado por una importante reducción de la pobreza son algunos de los pilares del modelo. Por tal motivo, Evo Morales ganó con más del 60 por ciento de los votos en 2014. No obstante, el gobierno perdió el referéndum que le impidió ir por un nuevo mandato. Esta cuestión fue resuelta por el Tribunal Supremo de Justicia que le dio el aval para volver a ser candidato. Álvaro García Linera, vicepresidente boliviano y destacado intelectual, dijo que Evo es el único que puede encabezar el proceso boliviano. Este razonamiento tiene sentido: es indígena, trabajador cocalero y exponente fiel de un sector históricamente postergado por los “gobiernos blancos”. Ahora bien, como sabemos, la falta de recambio hizo y hace estragos en otras latitudes del continente.

El tren de la continuidad crece en Venezuela y Bolivia, pero también en Uruguay en donde el Frente Amplio tiene posibilidades de continuar en el gobierno.

Pacífico: Zona de libre comercio y ¿Nuevas izquierdas?

La segunda vuelta en Chile presenta un escenario favorable para el progresismo con las chances intactas de continuar la línea de Michel Bachelet, pero con muchas posibilidades de incorporar elementos estructurales que podrían ser aportados por el flamante Frente Amplio de Beatriz Sánchez, que propone eliminar el sistema privado de jubilaciones y pensiones, reformar la constitución, gratuidad total en la educación y una política de contención de la comunidad mapuche.

En este marco, Guilier (candidato del oficialismo) tiene la posibilidad de llevar adelante una presidencia mucho más progresista que el conjunto de los gobiernos de la Concertación y la Nueva Mayoría. También, el próximo Congreso chileno tendrá como elemento sustancial la ruptura del duopolio (Concertación y derecha liberal) vigente desde el retorno de la democracia en 1990.

Otro país del pacifico es Perú, donde en las elecciones pasadas la experiencia de Verónika Mendoza y su Frente Amplio sorprendió, quedando muy cerca de la segunda vuelta. La izquierda peruana deposita en este espacio la posibilidad de construir una alternativa que discute la precarización laboral generada por los acuerdos de libre comercio en el país. En otro orden, muchos analistas ponen mucha atención en lo que pueda suceder en los comicios del año que viene en México con Andrés Manuel López Obrador, que lidera las encuestas y podría marcar el fin de la alternancia entre el PAN y el PRI, gobiernos que han dejado como saldo desapariciones, ejecuciones y territorios controlados por el narcotráfico.

En los países puestos como ejemplo por su liberalismo nacieron fuerzas de izquierda, con el asterisco colombiano, donde aún no es claro si vuelve el uribismo o nace una alternativa de izquierda representada en tal caso por Piedad Córdoba, con muchas menos chances que los casos anteriores.

Futuro incierto

La agenda regional se pone interesante. El regionalismo abierto que incursionó en Argentina y Brasil naufraga en un mundo difuso que genera las condiciones para el retorno de fuerzas progresista.

El problema es que gran parte del progresismo que buscar volver está atado con alambres, principalmente por la dependencia de las figuras fuertes que no construyeron recambio. Será bien interesante analizar cómo hará Lula para gobernar el país que deje Michel Temer, donde pesan los acuerdos parlamentarios y territoriales. ¿Seguirá confiando en la macroeconomía como garantía de gobernabilidad o aprenderá de los errores que terminaron con la destitución de Dilma en 2016? Por otro lado, ¿podrá el peronismo unirse para ganar en 2019 o seguirán presentes las mezquindades que le posibiliten a Macri gobernar hasta 2023?

El progresismo deberá responderse todas estas preguntas y sanar las heridas necesarias para superar la agenda de reacción a las políticas de austeridad y pasar a una propuesta programática. Las cartas están echadas para un 2018 que puede ser clave en el ordenamiento de un escenario que se presenta en constante movimiento.


*Especialista en politica internacional. Director de Resumen del Sur. Responsable del Colectivo de Medios Oveja Negra Mar del Plata. Nota publicada en: www.resumendelsur.com

Compartir esta nota en