Oveja Negra

Los invisibles. Desafíos de los Movimientos Populares en tiempos de neoliberalismo


20 de septiembre de 2017

Oveja Negra

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“Nunca pensé que poner un plato de comida en la mesa de un pobre, generaría tanto odio” reflexionó alguna  vez el enorme Lula da Silva. La frase podría haberse escuchado entre los dientes apretados de Milagro Sala, que arrastra junto a sus compañeras y compañeros, más de seiscientos días encarcelada por orden de Carlos Blaquier, por decisión de Gerardo Morales y por complicidad de Mauricio Macri.

“En Argentina, lo que está en emergencia, es la democracia” se lo escucha decir con frecuencia a Alejandro “Coco” Garfagnini, coordinador nacional de la Tupac Amaru. En apenas una frase, resume un análisis de la amenaza que significa la ofensiva neoliberal en marcha; pero también, condensa el aporte específico que ofrece la organización popular en éste tiempo histórico.

La imperfecta democracia construida desde el cierre de la oscura noche de la dictadura, ha encontrado una debilidad estructural al encerrar la política en una vida institucional, propiedad privada de una clase dirigente, que pocas veces extendió la democratización hasta el pie de la sociedad, y menos aún, consolidó herramientas que garantizaran un genuino protagonismo popular en la toma de decisiones.

“Los movimientos sociales tienen un fuerte vínculo con lo que sucedió con los gobiernos populares de Néstor y Cristina Kirchner. Fueron ellos, quienes recogieron las demandas populares que surcaron la resistencia en la década del noventa y que explotaron en crisis en aquél diciembre  de 2001. Fueron ellos quienes encontraron en los movimientos sociales una respuesta a la crisis de representación de los partidos políticos, crisis que aún no se encuentra saldada, y que se verifica en la capacidad de nuestros movimientos en consolidar la participación popular y la militancia, capaz de enfrentar las políticas de ajuste en marcha. Por eso este gobierno busca desarticular el  protagonismo popular de nuestros movimientos” señala Coco Garfagnini.

El sentido de pertenencia política, la necesidad de consolidar protagonismo popular y de vertebrar la resistencia al avance de la destrucción del aparato productivo e industrial del país, y la consecuente amenaza sobre los derechos conquistados en estos últimos doce años, fueron las razones que llevaron a un conjunto de organizaciones populares en la Argentina a generar un espacio de representación colectiva más amplio que sus propias identidades.

Así nació el Frente por el Trabajo y la Dignidad “Milagro Sala”. Una convocatoria de veinte organizaciones sociales de diversas matrices y procedencias históricas, pero con un objetivo común: consolidar una experiencia de protagonismo popular como aporte específico para la reconstrucción del movimiento nacional que permita reparar los sueños y esperanzas de los más humildes.

En una reciente charla acerca de los desafíos de los movimientos populares en ésta etapa histórica, celebrada en la Facultad  de Ciencias Sociales de la UBA, se puedo escuchar a los integrantes del frente exponer sobre sus objetivos.

“Nos enfrentamos a un gobierno que ha decidido sacarle el pan de la mesa a los trabajadores, que encarcela a nuestras compañeras y compañeros, que nos reprime cuando expresamos las demandas que son propias del sujeto que representamos. Ahí tenemos un objetivo: frenar las políticas de ajuste y no transar con aquellos que avanzan sobre nuestros derechos” destacó Eduardo Montes, presidente de la Federación de Trabajadores de la Economía Social (FeTraEs) que nuclea empresas recuperadas por sus trabajadores.

“Nuestras empresas, pero aún más la organización de sus trabajadores para recuperar sus fuentes de  trabajo, pueden dar cuenta de lo necesario que es el Estado para consolidar las conquistas nacidas al calor de una necesidad. Siempre existieron patrones que abandonaban sus empresas y trabajadores que las tomaban, pero es propio de este nuevo sujeto la capacidad de recuperar la fábrica para garantizar su continuidad productiva. Para esto fue indispensable, también, un Estado que le pusiera el oído a nuestras demandas, garantizara el protagonismo del trabajador cooperativo y facilitara la consolidación de políticas  públicas que permitieran su consolidación.” enfatizó Montes.

Sobre esa certeza se permite trazar un segundo desafío para esta etapa “necesitamos recuperar el Estado para volver a ponerlo en favor de los intereses de nuestro pueblo. Si no somos capaces de  construir una victoria en octubre y recuperar el gobierno en el 2019, se  nos avecina un  futuro aún más sombrío del que nos viene ofreciendo este gobierno”.

El aporte de los Movimientos Populares a la consolidación de un proyecto nacional, que se proponga reconstruir un sentido de mayoría, que marque límites profundos al avance de las políticas económicas de un gobierno que tienen como eje central profundizar la transferencia de recursos desde los sectores más humildes a los balances de un puñado de grupos económicos, atraviesa necesariamente la agenda de éste conjunto de organizaciones populares, las cuales no se resignan a discutir la administración de la miseria que ofrece el gobierno como destino para la agenda de los más humildes.

En ese mismo sentido, Juan Pablo O‘Dezaille, responsable de Militancia Popular señaló: “nuestras organizaciones son sociales en cuanto a la territorialidad de su práctica, pero son políticas en cuanto abrazan un proyecto emancipador de los más humildes y la búsqueda por concretar el pleno empleo. Nuestro horizonte es reconstruir una patria justa, libre y soberana en función del trabajo, la educación, la integración y la democracia. Por eso, nuestro accionar es político”.

El debate no es ocioso, y sus fines prácticos no deben esconderse debajo de la alfombra.

Apenas 24 empresas cotizan en bolsa, razón por la cual, cada seis meses deben presentar sus balances. En sus estados contables, han registrado en lo que va del año, ganancias que ascienden a 22.000 millones de pesos. Las empresas agroexportadoras, con la escalada alcista del dólar, registraron ganancias en apenas semanas que ascienden a 19.000 millones de pesos. Los bancos, por su parte, han registrado en sus estados contables, ganancias que ascienden a 40.000 millones de pesos.

El testimonio más nítido de la brutal transferencia de recursos que genera la actual política económica, lo constituye el cotejo de las ganancias siderales que tuvieron un puñado de grupos económicos, en relación a los fondos asignados a la Ley de Emergencia Social, que garantizaba un total de 30.000 millones de pesos en programas sociales y de empleo para los próximos cuatro años.

No se trata de un problema de predestinación a la pobreza de las mayorías populares, ni de consecuencias económicas inexorables frente a una crisis inventada. De lo que se trata, en definitiva, es de viejas recetas, aplicadas por un gobierno que defiende el proyecto político de las minorías y que pretende condenar a los pobres a ser cada día un poco más pobres, para que los ricos sean cada día más ricos.

Lo paradójico, es que algunas organizaciones populares celebran éstas conquistas con más vocación de antagonizar con un proyecto político que consolidó un piso de derechos enorme en la Argentina en los últimos doce años, que con la convicción de estar construyendo avances en la generación de una agenda de los más humildes.

Disociar la organización social del proyecto político que se abraza, constituye una impostura que intenta explicar, por momentos, lo inexplicable. Los movimientos populares le aportan a un proyecto de país la capilaridad necesaria para construir una genuina agenda de los sectores populares, aportan una dimensión de la democracia directa, que necesita ponerse en debate para garantizar la profundidad de lo construido en nuestra historia reciente.

En esa lucha cotidiana por frenar el avance del neoliberalismo y en el aporte a la construcción de una agenda del pueblo, se sintetizan los desafíos de los movimientos populares. En ese andar tumultuoso, en la calle y en las urnas, el Frente por el Trabajo y la Dignidad “Milagro Sala” pretende afianzar su representación popular.

“Nuestro ejemplo más claro es Milagro Sala, una mujer que desde un movimiento social generó una construcción colectiva que llevó adelante un cambio político enorme, no sólo para la vida de sus compañeras y compañeros, sino para la transformación económica de una provincia. En la organización y el poder popular construido, se explica la persecución política que sufre” señaló Analía Iraola, del Frente Somos Patria.

“Solamente con conciencia solidaria, con un encuentro real con el otro –como dijo Francisco- podemos avanzar en transformar la realidad desde adentro. Pero también es necesario dejar de lado las individualidades, que priman mucho en éste momento, para empezar a pensar que volver a reconstruir nuestro proyecto es posible. Reorganizar las barriadas es el aporte de los movimientos populares para reconstruir un proyecto más justo y solidario” destacó Ricardo Carrizo, del Grupo de Curas en la Opción por los pobres.

Hace algunos días atrás, Lula Da Silva fue entrevistado en su larga marcha por el nordeste brasileño, una de las regiones más pobres del país. Consultado acerca de las razones de la enorme caravana que encabeza respondió “estoy construyendo poder”.

Muchas veces, lo esencial es invisible al marketing de la política, pero no para los movimientos populares. Su aporte es un debate ineludible para éste tiempo histórico, que recuerda aquella sentencia del poeta rioplatense: “Crece desde el pueblo el futuro, crece desde el pie”.


                                     Colectivo de Medios Oveja Negra

                                 Nota publicada en revista Contraeditorial

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