Oveja Negra

Entre el Estado y la pared


12 de septiembre de 2017

Oveja Negra

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De Milagro Sala a Santiago Maldonado, los 21 meses de gobierno que cambiaron futuro por pasado.


Por Diego Algañaraz*

Menos de dos años y en la plaza donde celebrábamos nietos recuperados, nos descubrimos exigiendo la aparición con vida de Santiago Maldonado. Esa misma noche, los que quedaban de pie, atónitos y con el rostro desencajado, les pedían a gritos a los que eran arrastrados por la policía, que dijeran su nombre completo. El nombre completo como último acto de defensa ante el miedo de nunca más volver a ser llamado, visto o abrazado. Todo en menos de dos años.

No es la crónica de una marcha en Venezuela, sucedió en Argentina, sucedió porque hubo una voluntad política que, desde su instauración en el poder, trabajó codo a codo con los omnipresentes criminólogos de la actualidad -los monopolios de la comunicación-, para la construcción del enemigo necesario, el que demandaba el cambio de época. En relación con ello, la gravedad de los acontecimientos hace necesario un breve ejercicio de memoria, a los fines de graficar el progresivo retroceso sufrido por el ahora retirado Estado de Derecho.

En 16 de enero de 2016, a poco más de un mes del comienzo de la presidencia de Mauricio Macri, en Jujuy, el laboratorio elegido por Cambiemos para la prueba de procedimientos que luego extenderían al resto del país, detenían a Milagro Sala. A partir de allí comenzaría un proceso totalizador, que control mediante del aparato judicial, coronaría a la provincia como una pequeña porción de dictadura, donde se volvería moneda corriente la persecución política, el amedrentamiento, la coacción y el mantenimiento de detenciones arbitrarias, muy a pesar de las opiniones de organismos internacionales de peso. Con motivo de ello supimos llamar la atención de quienes saludaban la detención de Milagro Sala, advirtiendo que con el poder que con ello se habilitaba, la derecha podía reducir las instituciones a una ficción, llenar las cárceles con los que luchan por sus derechos o, regar las calles con quienes mueren por ellos. (http://ovejanegramedios.com.ar/300-y-contando-milagro-sala-sigue-presa-de-macri.html).

Hace exactamente un año, a propósito de dos casos de “legítima defensa”, María Eugenia Vidal primero y Mauricio Macri después, expresaron un claro mensaje de respaldo para con los ciudadanos ejecutores -aunque mediare o no legítima defensa- de los llamados delincuentes. Señalamos en aquella oportunidad, el peligro que representaba el hecho de que la violencia encontrara en el Estado un espejo que la refracte sobre cada rincón, en vez de las barreras necesarias para frenarla y contenerla. (http://ovejanegramedios.com.ar/y-el-pueblo-que-se-mate.html).

En octubre de 2016, en ocasión de comentar acerca de un recrudecido reclamo de mayor seguridad, advertimos sobre la manera en que dicho malestar estaba siendo reconducido hacia el discurso del endurecimiento de penas, relativización o restricción de garantías constitucionales y el empoderamiento desenfrenado de las fuerzas de seguridad (http://ovejanegramedios.com.ar/para-que-no-te-pase-y-para-que-no-nos-vuelva-a-pasar.html).

El 8 de marzo de 2017, cuando finalizaba una exitosa jornada en el marco del Día Internacional de la Mujer, la policía de la Ciudad de Buenos Aires se estrenaba con la brutalidad de un procedimiento que se creía enterrado: la razzia policial. Se llamó la atención al respecto, señalando el retorno de la política del orden con terror, la política del Estado sin Derecho, el de las detenciones masivas y sin orden judicial. El control con descontrol policial (http://ovejanegramedios.com.ar/con-miedo-ls-queremos.html).

Es fácil observar, que de Milagro Sala a Santiago Maldonado se tiende un camino signado por el desenfreno de un gobierno que, para la contención de los devastadores efectos de su política económica, encontró en el disciplinamiento y la represión su método, y sobre la base de la más arquetípica y conservadora concepción de república y democracia, construyó su nueva doctrina de seguridad nacional. Para el nuevo Estado, ni la vida, ni la salud, ni la educación, ni la dignidad de las mayorías, se encuentran por encima de la preservación del orden institucional y la corrección de las formas de expresión o participación. En esta democracia para pocos, sólo reconocida como tal porque todavía no cerraron las urnas -aunque secuestraron los votos unos días-, cualquiera que se sienta llamado a alzar la voz por los derechos arrebatados, sin observar los infructuosos pero pre-establecidos y ordenados canales de manifestación, se transforma en un disidente peligroso, lo que a los ojos de la derecha y en los corazones de sus más brutales sostenedores ideológicos, es estar por debajo de la categoría de ciudadano, un verdadero incivilizado.

Es que, tras doce años de expansión y consolidación de derechos, haber encontrado dentro del acervo de la herencia recibida los altísimos grados de participación ciudadana y política que legó el kirchnerismo, apuntalados por un mandato simple pero profundo que reza que la Patria es el otro, exigió para la restauración conservadora, el despliegue de una acción urgente para la reconfiguración de subjetividades y la (de)construcción de sentido. Es que la patria no puede ser ningún otro, porque ello implicaría dotar al sujeto de un privilegio que, en la idiosincrasia de la elite que nos gobierna, sólo las instituciones de la república merecen: la inviolabilidad, el respeto a su integridad, la supervivencia asegurada a costa de todo y de todos. Es precisamente por esta reelaborada categorización de bienes, por el éxito alcanzado en la reconfiguración de un enemigo necesario, que en la ponderación que realizan algunos sectores de la sociedad argentina, la desaparición de Santiago Maldonado, el despliegue oscuro e ilegal que implicó la infiltración de fuerzas de seguridad en una manifestación y la represión posteriormente habilitada, no angustian y preocupan tanto como las consignas pintadas sobre las paredes de un edificio vetusto.

Entre el Estado y la pared, es el lugar que propone la derecha neoliberal conservadora en esta nueva coyuntura. Entre el Estado y la pared se encuentran sus más férreos o tímidos adeptos, quienes comenzaron justificando el “sinceramiento” de la economía que se llevó puesto a millones de hogares humildes y se encuentran ahora, inmóviles, esclavos, a la espera de un editorial dominical que les indique como seguir justificando la desaparición de “otro”, un extraño cuyo nombre no soportan ver escrito en las paredes, porque les recuerda que tan miserablemente lejos han llegado por “cuidar la república y el respeto de las formas democráticas”.

Entre el Estado y la pared se encuentra la democracia, puesta en jaque por sus mismísimos apóstoles, y en medio aguardan aquellos quienes necesitan constituirse en mayoría para ser escuchados, como única garantía para ser protegidos, para volver a ser dignos y ver atendidas sus necesidades básicas. En el medio está el Pueblo al que se intenta paralizar con las armas del miedo y la represión, y en su defensa debemos abogar con la palabra y con el cuerpo, todos aquellos quienes sabemos que ninguna institución puede valer más que los hombres y mujeres que está destinada a proteger, que ninguna pared vale las heridas y los tormentos impresos en el cuerpo de los que arrastraban por Avenida de Mayo, que ninguna pared puede permanecer limpia mientras los medios y el gobierno callan y no responden ¿Dónde está Santiago Maldonado?


*Abogado penalista. UBA. Trabajador judicial.

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