Oveja Negra

El incierto panorama global


12 de octubre de 2017

Oveja Negra

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El mundo está cada día más convulsionado. Desde la crisis del 2008 en Estados Unidos –que estalló en 2011 en Europa– la institucionalidad mundial está resquebrajada. Aquel proyecto global que impulsó Barack Obama desde la perspectiva globalista destinado a conectar el océano pacifico y atlántico por la vía de los mega-acuerdos comerciales. Este mundo multilateral en términos comerciales y multicultural desde lo social, está en un proceso de fuerte resignificación.


Por Augusto Taglioni*

Claro, la globalización no es la foto que aparece en la caja del producto que te venden, y ese bienestar social global termino brillando por su ausencia, dando lugar a procesos inesperados. La llegada de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos, la salida del Reino Unido de la Unión Europea por la vía de un referéndum, el avance de la ultraderecha duplicando el caudal electoral y poniendo en aprietos a la mismísima Canciller alemana, Angela Merkel y las recientes imágenes de la represión de la Guardia Civil española para impedir el referéndum independentista en Cataluña, son algunas muestras de una crisis estructural en el seno de las potencias occidentales cuya respuesta institucional parece ser el incremento de la represión.

América Latina transita su giro conservador, la socialdemocracia europea padece la peor crisis de su historia y la ultraderecha dejo de ser una simple amenaza para convertirse en una realidad concreta con representación parlamentaria.

Hace un tiempo, el todavía  juez de la Corte Suprema de Justicia de la Nación Raúl Zaffaroni, dijo que “Europa se encaminaba hacia la consolidación de un Estado policial y el mundo estaba en un proceso de totalitarismo económico y financiero”. Esa entrevista fue a principio del 2015, el kirchnerismo gobernaba la Argentina, Dilma Rousseff había sido electa recientemente para un segundo mandato, Obama seguía en la Casa Blanca, el Brexit ni se había realizado y en Europa aún gobernaba el socialismo francés. Dos años después, la realidad es bastante diferente: América Latina transita su giro conservador, la socialdemocracia europea padece la peor crisis de su historia y la ultraderecha dejo de ser una simple amenaza para convertirse en una realidad concreta con representación parlamentaria.

La superestructura occidental, que podemos ubicar en lo que expresa el bloque anglosajón (Estados Unidos-Reino Unido), y la Unión Europea bajo el liderazgo franco-alemán, disputan cómo hacer para no abandonar la lógica financiera del capitalismo que vienen sosteniendo a pesar de la crisis y de qué manera frenan los proyectos emergentes de esa crisis generada por ese capitalismo salvaje que pretenden consolidar.

Primer round: ONU

El escenario de mayor cristalización de las tensiones entre Estados Unidos y el resto de las potencias centrales, fue la septuagésima segunda Asamblea General de las Naciones Unidos, luego que el presidente norteamericana hablara de “destrucción total” de Corea del Norte. Esta expresión forma parte del retorno de la lógica unilateral de la Casa Blanca que, abandonado los acuerdos de libre comercio de la administración Obama, focaliza la defensa de su estatus como potencia mundial con el Complejo Militar Industrial como base de sustento. Es decir, Estados Unidos parece dispuesto a disputar con todo aquel que se oponga a su lógica, sea la Unión Europea en la defensa de los acuerdos de París o en la estrategia militarista para confrontar con China en el Mar Meridional, principal zona de influencia del gigante asiático.

A la brutalidad de Trump se le opusieron dos referentes de la globalización, como la líder germana Angela Merkel y el presidente francés Emmanuel Macron. Ambos defendieron el acuerdo nuclear con Irán que Trump pretende voltear, destacaron la importancia de la integración y la paz como directriz global, e incluso la propia Merkel se ofreció como mediadora en el marco de la disputa entre Washington y Pyongyang.

Este contraste es claro aunque solo de forma, dado que el bloque europeo es partícipe necesario de conflicto como el de Ucrania y Rusia, y tuvo un rol lamentable en la guerra en Siria a través de la Coalición Internacional que puso su meta en derrocar a Bashar Al Assad.

No obstante, a la diputa con Trump se le coló la propia coyuntura interna europea.

El dilema de la subsistencia

Crisis migratoria, ultraderecha y el riesgo del separatismo. Estos podrían ser los tres flagelos que atraviesa la Unión Europea. Los millones de refugiados que han cruzados el mediterráneo producto de las guerras en el norte de África y Medio Oriente, es un problema que aún no tiene solución. Europa aplicó una política de recepción que obtuvo una respuesta negativa de los países del este, aumentando la representatividad del caudal electoral de la ultraderecha que responsabilizó a los refugiados por la falta de empleo y por los sucesivos ataques terroristas en diferentes ciudades.

En ese marco, la ultraderecha se paró sobre la crisis económica y la política de ingreso de migrantes para poner en discusión la viabilidad de la permanencia del bloque europeo. Si bien esta postura no es mayoritaria, el crecimiento del rechazo al sistema de integración está en ascenso. Marine Le Pen duplicó sus votos en relación al 2013 y en ese mismo período la ultraderecha alemana pasó de 4 por ciento a casi 13, logrando ingresar al parlamento por primera vez desde 1945. Todos creían que este partido iba a culminar con el proceso electoral en 2017. Lejos de eso, Merkel se las tiene que arreglar para conformar gobierno y el año que viene será turno de Italia que elegirá Primer Ministro en un contexto de fuerte crecimiento del euroescéptico Movimiento 5 Estrellas.

Como si fuera poco, a los problemas mencionados se le suman los autonomismos. Cataluña es vanguardia en esta discusión con el reciente referéndum que fue duramente reprimido por las fuerzas de seguridad de Mariano Rajoy. El autoritarismo español no hace más que fortalecer la identidad nacional catalana –que frente a la negativa del Estado de llevar a cabo un referéndum pactado como el que se hizo en 2014 en Escocia– decide polarizar y confrontar derribando todo mecanismo institucional para la resolución de este problema. Sin posibilidad de dialogo con el Estado, el camino es la desobediencia civil y el enfrentamiento, con todo lo que eso implica.

Parece lejano pensar que los Estados Nacionales en Europa corren riesgo pero, el mundo nos ha demostrado que lo que parece imposible fácilmente puede transformarse en realidad efectiva. Es la globalización, su crisis y salida que hoy son una absoluta incertidumbre, en un occidente en crisis que se resiste a caer frente a un oriente (léase China) que está dispuesto a llevarse puesto a todo lo que se le cruce para convertirse en el número uno.


*Especialista en politica internacional. Responsable del colectivo de medios Oveja Negra Mar del Plata.

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